En las últimas décadas, la participación se ha convertido en un elemento determinante para definir la profundidad de las denominadas democracias jóvenes 1(Huntington, 1996, pág. 18). Recientemente, Bolivia y Ecuador (considerables como taltras la Tercera Ola de Democratización) fueron escenario de consultas populares con propósitos diametralmente opuestosy reflejando cambios considerables en el comportamiento electoral.