El Estado no sólo descansa en la violencia sino en los símbolos, es decir, en la cultura. Cuando hablamos de la cultura desde el Estado, ésta tiene como fin legitimarlo a través del monopolio de la violencia simbólica: las formas del decir y el hacer.
Es decir, el Estado,para conformarse como tal, debe monopolizar el capital simbólico y luego universalizarlo,ponerlo en común.